La fatiga pandémica redujo la actividad física de los mayores

Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya señala que síntomas depresivos, la fatiga pandémica y las reducidas relaciones sociales redujeron el nivel de actividad física de las personas mayores durante el confinamiento por la Covid-19.

El trabajo, que se inició antes de la pandemia para evaluar el impacto de un programa de envejecimiento saludable, tiene la ventaja de emplear los mismos instrumentos antes y después del confinamiento estricto y comparar la situación de los participantes.

Algunas de sus conclusiones son que, en la disminución del nivel de actividad física de las personas durante el confinamiento influyó el hecho de vivir solas (38%), tener síntomas depresivos previos (21,9%) o fatiga declarada durante la pandemia (38,1%). En cambio, las personas que manifestaron haber tenido un contacto social con personas diferentes a las de la familia (46,9%) y haber mantenido actividades de lectura (26,5%) durante la cuarentena mostraron unos niveles de actividad física mucho más elevados.

Esta iniciativa, denominada +ÁGIL Barcelona, ofrece recomendaciones de actividad física a los participantes. Se trata de un programa de intervención para la promoción de la salud y el envejecimiento saludable dirigido a personas de especial fragilidad.

Uno de los impulsores del estudio, el profesor de la Universitat Oberta de Catalunya y presidente de la Sociedad Catalana de Geriatría, Marco Inzitari, aseguró que “hemos analizado a aquellas personas que todavía son relativamente autónomas y que manifiestan signos de fragilidad, pero que se encuentran en una fase muy precoz, hecho que las identifica como las candidatas ideales para una intervención”.

Los datos ofrecidos son una evidencia sobre la constelación de factores que contribuyen a la reducción de la actividad física y que pueden estar relacionados tanto con la salud como con aspectos sociales.

Las múltiples causas que conducen a esta reducción hacen evidente que los programas para recuperar la actividad física de las personas afectadas no pueden limitarse solo a dar consejos y recomendaciones. En este sentido, el profesor remarca que “tenemos que velar por el estado anímico de las personas, porque con su actividad física por sí solo no llegaremos a resultados”.

Las consecuencias negativas del envejecimiento tienen que ver, como se ha demostrado en esta investigación, no solo con la salud, sino también con el entorno social. Si intervenimos en una sola cosa, no cambia la situación, porque el abordaje tiene que ser muy sistemático y colaborativo, con la intervención de los agentes de salud, geriatras, servicios sociales, entidades del tercer sector y cuidadores. Inzitari subrayó también la relevancia de incluir en los programas dirigidos a los mayores el componente digital.

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