LA VIDA SALUDABLE REDUCE EL RIESGO DE INSUFICIENCIA CARDIACA

La Universidad de Tufts ha elaborado un estudio sobre la insuficiencia cardiaca en adultos. Indica que ser moderadamente activo, no fumar y mantener una alimentación equilibrada produce un 50% menos de riesgo de padecerla.

En esta investigación se analizó a cerca de 4.500 adultos durante dos décadas. Los autores, dirigidos por Liana C. Del Gobbo (profesora de la Escuela Friedman de Nutrición y Ciencias Políticas de la Universidad de Tufts), observaron a hombres y mujeres de 65 años o más que no tenían inicialmente signos de insuficiencia cardíaca. Durante un periodo máximo de 21 años, siguieron su dieta, hábitos, actividades de ocio, intensidad del ejercicio, consumo de alcohol, hábito de fumar, peso, altura, circunferencia de la cintura y la salud del corazón a través de cuestionarios y exámenes físicos a lo largo del tiempo de estudio.

Durante el análisis, se produjeron 1.380 casos de insuficiencia cardíaca. Los autores detectaron que los adultos que caminaban a un ritmo de dos millas (3,2 kilómetros por hora) o más rápido presentaban un menor riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca. Realizar actividades de ocio que quemen 845 calorías o más a la semana, no fumar, consumir alcohol de forma moderada y mantener una buena alimentación se asociaron, asimismo, con tasas reducidas de IMC.

Del Gobbo afirmó que “es alentador saber que los adultos pueden hacer cambios simples para reducir su riesgo de insuficiencia cardíaca. Aunque los patrones dietéticos no estaban relacionados con el riesgo de insuficiencia cardíaca en este estudio, llevar una dieta saludable es de importancia crítica para la prevención de otras enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y otras patologías crónicas”.

Los participantes que realizaron cuatro o más de los comportamientos saludables estudiados presentaban la mitad de probabilidades de sufrir insuficiencia cardiaca que aquellos con no cumplían ninguna de las recomendaciones. Los investigadores también analizaron cuatro patrones alimentarios diferentes, pero no encontraron ninguna relación entre estos y la insuficiencia cardiaca. La intensidad del ejercicio no fue tan importante como el ritmo de la marcha y la actividad de ocio.

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