LOS PROGRAMAS FÍSICOS DE MAYORES SUPONEN AHORRO SANITARIO

La Universidad de Granada ha realizado un estudio sobre los beneficios de la actividad física para personas mayores. Las conclusiones indican que los programas de ejercicio dirigidos por especialistas suponen la mejor terapia bio-psico-social, lo que conllevaría un ahorro considerable para el sistema sanitario.

La investigación indica que el número de personas mayores en España se incrementa y que ha sido altamente contrastado que el envejecimiento activo es clave para conseguir una población mayor sana. Por tanto,  la promoción de ejercicio físico regular es una de las principales estrategias no farmacológicas con la que cuentan las instituciones, ya que está asociado con un menor riesgo de mortalidad.

Principalmente, como consecuencia de un efecto protector cardiovascular y de síndrome metabólico, la actividad física disminuye el riesgo de sufrir un infarto de miocardio y de desarrollar diabetes tipo II. Sumado a esto, se ha mostrado su eficacia en la prevención de ciertos tipos de cáncer, en el incremento de la densidad mineral ósea, en la reducción del riesgo de caídas, en la disminución del dolor osteoarticular (frecuente en la población mayor) y en la mejora de la función cognitiva, reduciendo el riesgo de padecer demencia y Alzheimer.

Además, los beneficios psicosociales del ejercicio adquieren especial protagonismo, combatiendo el aislamiento, la depresión y la ansiedad, favoreciendo la autoestima y cohesión social. Por todo esto, la inclusión de programas de ejercicio físico regular, adaptado a población mayor y desarrollados por profesionales del ámbito de las Ciencias de la Actividad Física, se convierte hoy por hoy en una necesidad social.

El estudio pone de manifiesto que la ausencia de la práctica regular de ejercicio contribuye al comienzo precoz y la progresión de las principales enfermedades cardiovasculares. Cualquier incremento en los niveles de actividad física tiene efectos positivos sobre la salud cardiovascular, al mismo tiempo que un estilo de vida sedentario se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

La vida activa también supone una terapia eficaz para aquellos mayores en los que la opción farmacológica ha resultado inviable, poco efectiva o inapropiada. Sin embargo, los mecanismos por los cuales el ejercicio fortalece el sistema immune están aún por descifrar. A día de hoy, solo partiendo de la evidencia, el incremento de programas de ejercicio físico orientados a la población geriátrica reforzaría su sistema immune con tendencia a anormalidades y con ello la esperanza y calidad de vida del mayor.

Partiendo de estas evidencias, la práctica de ejercicio físico regular a través de la inclusión de programas enfocados y adaptados a personas mayores, dirigidos o supervisados por especialistas del ámbito de la actividad física y respaldados por instituciones públicas, se presenta como la mejor terapia bio-psico-social.

Dichas prácticas físicas favorecerían un mejor estado de salud y calidad de vida, consiguiendo así mantener y/o favorecer la independencia funcional en un rango de población con un crecimiento exponencial en nuestro país y una mayor esperanza de vida. Invertir en ejercicio físico de calidad para la población mayor a través de profesionales cualificados en Ciencias de la Actividad Física como precursores de salud podría derivar en un ahorro considerable para la sanidad, tanto pública como privada.

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